domingo, 25 de abril de 2010

EXCÉNTRICOS DE LA MÚSICA: SATIE

Satie, sin duda uno de los más excéntricos músicos, impregnado de esa impronta impresionista, tan atmosférica, tan irreal y tan parisina.
Músico-piano, "piano-hombre", llegaba a estar largas horas sin emitir palabra alguna, desde que salía de su casa, luego de hablar largamente con sus gatos, hasta llegar a trabajar al cafetín donde se ganaba el sustento tocando hasta largas horas de la noche, e intercambiaba algunos monosílabos con algún parroquiano curioso de su bella y extraña música.
Muchas veces, en verano, dejaba abierta la ventana de su dormitorio, al cual ingresaba por las noches, optando por no atravesar su pequeño living, a los efectos de tenerlo "inmaculado" de rastros de pies para que su música no se contaminara con los gérmenes de las vías parisinas.
Sus gatos fueron sus confidentes más fieles, y a ellos les brindaba lo mejor de su confort del descanso.
Cuando su humor lo auspiciaba, él era quien dormía en el suelo, asignándoles a sus queridos animalitos, lo mejor de su blando y anchísimo colchón.
Como para él el fuego de su chimenea era el evocador e inspirador principal de su esencia creativa, decidía a veces en verano mantenerlo encendido con la máxima fuerza ígnea posible.
A tal llegó su manía y exageración, que una reacción cutánea provocada por el exceso de temperatura en su casa, impidió que saliera a trabajar al cine en donde tenía que apersonarse por las tardes para tocar sus improvisaciones mientras exhibían películas mudas.
Sin lugar a duda, su música reflejó su "sana locura", una "locura mansa" llena de sabiduría y paz.
Su música fue para piano y su piano atesoró junto a sus gatos, sus secretos más ocultos.

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